"Ignoramos el sentido del dragón, como ignoramos el sentido del universo, pero hay algo en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres,.."

"El Dragón posee la capacidad de asumir muchas formas, pero éstas son inescrutables."

de El libro de los Seres Imaginarios, Jorge Luis Borges






lunes, 30 de agosto de 2010

A veces quisiera...

Has visto la mirada de los animales que están encerrados?
Resignados, tristes, aburridos. Entregados sin remedio a una suerte que no les corresponde?
Una mirada que tu mirada no puede sostener. Porque solo los hombres son capaces de robarte todo y dejarte sin libertad, sin alegría, ni sentido.

Solo nosotros somos capaces de cortar flores para que se mueran mas rápido en jarronesy cazar pájaros para encerrar en jaulas para que canten solo para nosotros.
Solo nosotros somos capaces de matar gente para guardar más papeles que dicen que tenemos más poder que los que tienen menos papeles guardados.
Solo nosotros somos capaces de sembrar problemas para vender soluciones.
Solo nosotros somos capaces de someter a otros seres y robarles el alma.

Pero por más almas que roben y torturen, jamas volverán a tener una propia.
Porque el alma de los malvados y perversos se siente avergonzada y ultrajada y se va.
Porque no puede más de dolor.

viernes, 27 de agosto de 2010

Superstición

La luna hinchada de nácar cruza la hondonada y sale detrás del árbol seco.
Un haz de luz queda enganchado en una rama. Desde la que un ave nocturna decide levantar vuelo.
Cree ser la única testigo presente en el milagro. En realidad cree que la luna se creó a si misma para darle alegría y la luz que guía su camino.
Estaba tan triste y solitaria antes!
Ahora desde el cielo ha recibido una señal. Es una elegida.
Lo dirá a todas sus compañeras.
Cientos de ellas la seguirán hacia una nueva región más feliz del cielo.
Debe apurarse, reunirlas y explicarles antes de que salga el sol y las distraiga como siempre.

sábado, 24 de julio de 2010

Ultimos días verdaderos (Fragmento de "Terra")

Vamos yendo. No sabemos dónde, lo importante es estar siempre en movimiento. Este es el mundo que imaginaron mis películas de ciencia ficción de ayer.
Vamos andando por entre las ruinas del futuro.
Lo importante es no quedarnos quietos. Toda quietud es una clase indeclinable de muerte. Ya no tenemos fobias, ni emociones superficiales, no somos delicados,ni nenes de mamá. Somos grandes. Estamos en extinción.
Vamos huyendo de todo mal, pero sin temor, el fin ya empezó. Vamos buscando un segundo más, un resplandor más, un aliento más, solo uno más, o lo que se pueda conseguir. Rozamos las enfermedades pero no tenemos tiempo de caer un poco. Cuando caigamos será para siempre.
La eternidad misma esta pensando en su propio fin.
Fuimos débiles y ahora somos fuertes. Usamos toda la fuerza. Antes guardábamos para después. Ahora no hay después.
Esto lo hicimos nosotros. No hay a quién quejarse. No apretamos botones pero no impedímos que otros lo hagan, no sembramos enfermedades nuevas pero contribuímos para que las fabriquen y propaguen, no somos culpables directos pero somos responsables al fin. Del fin. Vamos yendo. Con los jirones de lo que pudimos ser, con los sueños convertidos en bastones y las ilusiones como plantillas para nuestros cansados pies. Ya no hay a donde ir. Ya es tarde para todo. Pero vamos yendo.

viernes, 23 de julio de 2010

El emisario (fragmento)

Bajando las cuestas de la luna, más allá de la cortada de las violetas, encontré un día a un extraño caminante.
Todos los caminantes solitarios son un poco extraños, pero tienen una extrañeza conocida, este personaje, era en todo diferente, para empezar llevaba puestos unos incómodos zapatos lustrados la mañana antes de salir que solo lo hacían resbalar a cada paso.
Su vestimenta en general era adecuada para caminar apurado por una concurrida calle del centro de alguna populosa ciudad pero absolutamente inadecuada para retozar en estas lejanías salvajes, remotas y polvorientas.
Julio suele ser frío y ventoso, pero nunca tanto como este año. Insistentemente la arena que se levanta del suelo, tiende a buscar intersticios inadecuados para viajar abrigada, y elige, entre otros, irrespetuosamente, los ojos, cosa que molesta bastante y hace resbalar más veces al desplazarse uno por sobre los cantos rodados helados.
Pero, maldita sea, siempre me pierdo en detalles, hablaba del extraño, iba apurado con un portafolios lleno de papeles importantes como si alucinara encontrar alguna oficina de piedra en esta inmensa soledad. Cuando lo crucé me saludó amable y parcamente.
Me di vuelta para seguirlo un poco con la mirada y después lo seguí todo yo. No fuera a perderse sin remedio o lastimarse. No debía estar en sus cabales, no había nadie a miles de kilómetros en la dirección que llevaba. Lo seguía a prudente distancia, deteniéndome, cada vez que él lo hacía, para tomar resuello o para recomponerse de alguna caída. Nunca se dio cuenta que lo seguía hasta que sucedió lo inevitable.
El hombre llegó a un descampado circular y caminó nerviosamente en el lugar mirando hacia el cielo, que yo supiera nunca había llegado por allí un helicóptero ni algún otro artefacto volador. El hombre miraba el reloj, miraba un papel, tal vez un mapa y miraba el cielo. Y caminaba en círculos. Inquieto.
Logrando inquietarme a mi, ya se estaba haciendo tarde para regresar al pueblo con luz. Yo no tenía problemas con eso, pero a ese señor le iba a ir muy mal si yo no me pesentaba para ayudarlo.

sábado, 24 de abril de 2010

Fragmento de RECONOZCO

-Y vamos para mayores-, decía el viejo señor Stern, aun yendo en bicicleta al mercado, se ocupa del jardín y se toma tiempo para jugar con su perro en el parque, entre las flores que le quedan al otoño y las hojas que no llegan al invierno.

Hay gente que no tiene, no debería tener edad. Así como hay otras, a las que la edad, las salva...Pero sea como sea que uno acomodó el tablero y armó su juego para esta vida, para bien o para mal, cada vida es un poema, una elegía, un canto a la esperanza y una lección que no debiera perderse. Todos nosotros deberíamos andar con un escritor al lado, que nos siga los pasos y vaya anotando y contando las caídas y las particulares formas de levantarnos, las coincidencias, las veces que decimos: "la última", las veces que besamos, las que vimos el arco iris, los suspiros y las lágrimas, salvando cuántas fueron de dolor y cuántas de alegría. Deberían anotarse cada acierto inesperado y cada fracaso injusto. Cada vez que hicimos el amor con amor y cada vez que probamos un gusto nuevo de helado.

Cada sentimiento encontrado debiera ser expuesto en cartelera por una semana hasta agotar la suspicacia de los curiosos. Cada indiferencia debiera se extensamente explicada en tono de monólogo interno con un megáfono, el domingo, durante un partido. Cada asistencia a un milagro debiera ser retratada en pintura indeclinable, inalterable y expansible sobre el mismísimo cielo y a pleno día.

miércoles, 7 de abril de 2010

Los destinados (Fragmento)

La ocasión era perfecta. La señora se iba de compras. El jardinero entró a la cocina.
Su musa inspiradora de ardores estaba sola y atareada. Se secó el sudor y sosteniendo el sombrero pidió algo fresco.
Ana se sobresaltó, nunca había entrado sin golpear. Si precisaba algo, esperaba pacientemente afuera, qué hacía ahora que no había nadie en la casa, dentro de su templo de trabajo?
-Por favor espere afuera. Dijo con un gesto de indignación y desprecio que no logró disimular.
Tal vez el sol, el desprecio multiplicado por mil, su hombría desbastada, tal vez la luna, los planetas, nunca se sabe exactamente cuántos sucesos se conjugan en la debida o indebida proporción para que algo pase.
El hombre se perdió en la ceguera de todo control y se abalanzó salvajemente sobre la castidad e integridad de la muchacha. Un breve forcejeo, y luego en pocos minutos, todo ya había pasado.
Un sombrero en el suelo. Algunas cosas tiradas . El portón del jardín medio abierto. Ana sangrado sobre el suelo blanco de la cocina.
Y un silencio cómplice del accidente inesperado.
Un ave negra graznó antes de levantar vuelo sobre el tejado. Y el teléfono empezó a sonar. En vano.